Francisco Aguirre Leo

Hoy el negocio eléctrico está cambiado y la importancia en sus resultados y la posición privilegiada en los ranking de los distintos mercados ya no es tal. El buen resultado luego de las privatizaciones de los años 80 y los espectaculares efectos en la bolsa de valores ya han pasado. Bienaventurados los que reemplazaron hace unos años sus acciones eléctricas por inversiones alternativas. Desventurados aquellos inversionistas que llegaron tarde a tomar posiciones en un mercado que hoy ya no es gobernado por los proveedores sino crecientemente por reguladores y por clientes consumidores y su poder negociador.

Mi experiencia con grandes clientes eléctricos, proveedores y reguladores en otros países latinoamericanos señala que la familiarización con este mercado, competitivo y no exento de problemas, ha sido de más corto aprendizaje que en Chile. Los actores del mercado, principalmente reguladores y consumidores, rápidamente han aprendido de los éxitos y errores de sus precursores. Recordemos que Chile inició la actual senda en 1982, seguido por Argentina, el Reino Unido, Perú, Colombia, y muchos otros a partir de inicios de los 90. Así entonces los clientes ya se han habituado a licitar sus contratos de suministro, en procesos que los conducen a un buen par precio-producto aplicando sus capacidades de convenir con sus proveedores el precio y calidad del producto que compran.

El negocio eléctrico puede separarse en la producción, transporte, distribución y muy pronto en Chile, la comercialización de la electricidad. En cada segmento hay actores distintos y distintas regulaciones y, obviamente resultados de negocio. El segmento que aquí siempre ha sido de buenos resultados es el de la distribución con cifras finales generalmente de dos dígitos. El peor de todos es hoy el de la generación. Aquí están particularmente afectados aquellos que buscan posiciones globales en el Nuevo Mundo con una cabeza de playa en la zona Araucana pues el resultado no ha sido el esperado. Tanto así, que la cuenta compensadora resulta aplicada sobre las huestes de trabajadores especializados de alto valor por antigüedad, diezmadas progresivamente al ceder el paso a tecnologías innovadoras y que fallan por infantiles.

Así entonces hoy en Chile tenemos baja confiabilidad y calidad de servicio, resultando afectados nuestros principales sistemas eléctricos, especialmente el SING. Frente a esto hay una sola respuesta: mejoras técnicas a un costo del proveedor que siempre será inferior al de falla de suministro al consumidor. La diferencia está en que estos altos costos hoy los sobrelleva el cliente al recibir un servicio de baja calidad. Frente a lo anterior el mercado está reaccionando, teniendo presente la regulación eléctrica, las normativas de protección al consumidor y los resguardos contractuales en aquellos grandes clientes que negocian sus propios precios y condiciones de suministro. Los costos naturalmente irán finalmente a precios y nuevas condiciones, pero negociados con los grandes consumidores aplicados, cuya responsabilidad hoy y desde 1997, conlleva también la suerte de los precios que aplican a los pequeños consumidores regulados. Recordemos que en Abril viene fijación tarifaria para los generadores y a fin de año para los distribuidores de electricidad eventos que, conjuntamente con anuncios de cambios normativos, permitirán pesar la mano reguladora de las nuevas autoridades y que se agregará a la de los consumidores y sus exigencias de compensación a las faltas de servicio.