Francisco Aguirre Leo

El principal motor desarrollador de la industria eléctrica chilena es ya muchos años precisamente la minería, responsable en cerca de un tercio del total de la demanda en el país. Aún más, los precios libremente convenidos por la minería con sus proveedores han ejercido fuerte influencia hacia otros segmentos de la economía llegando incluso hasta los clientes domésticos, efecto hoy patente con el cambio de sistema tarifario de la ley corta II del año 2006, que hace que los procesos de licitación de las empresas distribuidoras de electricidad para sus consumidores regulados tengan como principal competidor para contratar la escasa oferta, precisamente al sector minero de chile. Así entonces, es evidente la importancia de mejorar los procesos en la minería para comprar electricidad, ya que están hoy muy afectados por una desadaptación resultante de una fuerte demanda eléctrica sin consistente expansión de oferta en generación y de transmisión. El resultado es que estamos abastecidos a precios ineficientes de petróleo, presentes en el diesel y en el GNL, ayudados también por una fuerza social opositora que atenta contra su propia economía de forma extraña, pero ciertamente presente, incluyendo intereses ideológicos de reducidos grupos de interés apoyados jurídica y socialmente. Si bien el problema se inicia con el racionamiento de gas natural impuesto por Argentina a Chile desde 2004, también es cierto que la positiva evaluación económica minera ha hecho que los proveedores de electricidad aprovechen de traspasar altos precios y todos sus riesgos hacia el consumidor de toda especie, abandonando así el principio básico de la ley eléctrica y su aplicación marginalista que bien funciona para un mercado eléctrico adaptado pero no para la mala condición que tenemos hace ya 8 años y que se mantendrá todavía unos cuantos más. Para remate, los contratos de suministro eléctrico tan deseados de largo plazo por los oferentes y concedidos por indefensos demandantes de un mercado poco competitivo, están resultando ser peligrosos ahora para ambos. Como ejemplo está el riesgo minero en un norte chico, cuya demanda probablemente se duplique en unos pocos años y se triplique avanzada esta década, pero con ausencia del necesario desarrollo térmico hasta ahora impedido por fuerzas sociales y coronado incluso por la reciente falla y nueva postergación del proceso de licitación del gran sistema de transmisión hacia Copiapó, lo que hará que el riesgo de compraventa de electricidad se eleve aún más. Esto obliga al sector minero a una mas cuidadosa contratación y al desarrollo de estrategias que permitan al mercado acelerar la adaptación hoy ausente.

El grafico que sigue muestra la evolución de los precios promedio del mercado eléctrico chileno en el período 1994 hasta lesta fecha, ellos en valores constantes. Vemos como los buenos precios de inicio de este siglo hoy están triplicados.

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